“Esto no debe ser oro, es blanco.” Lo escuchamos todas las semanas, y casi siempre la pieza es oro de ley. El color no lo define el oro: lo definen los metales que lo acompañan. Entender eso te evita descartar algo que vale, y también te explica por qué esa alianza que era blanca hoy tira a amarillo.
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El oro puro es uno solo
El oro de 24 kilates es amarillo. Siempre. No existe el oro puro blanco ni el oro puro rosa.
Lo que pasa es que el oro puro es demasiado blando para hacer una joya: una alianza de 24k se deforma con el uso normal de la mano. Por eso se mezcla con otros metales, y esa mezcla —la aleación— define dos cosas al mismo tiempo: cuánto oro tiene la pieza (la ley: 18k, 14k, 9k) y de qué color queda.
Dicho de otro modo: la ley y el color son dos preguntas distintas. Podés tener 18 kilates en amarillo, en blanco o en rosa, y en los tres casos hay la misma cantidad de oro adentro.
18k significa 18 partes de oro sobre 24, o sea 750 milésimas: 75% oro. El 25% restante es lo que pinta la pieza. Cambiar ese 25% cambia el color, no la ley.
El amarillo
Es la aleación clásica: oro con cobre y plata en partes parecidas. El cobre aporta el rojo, la plata lo suaviza, y el resultado es el amarillo cálido de toda la vida.
Es el más común en las piezas argentinas y en todo lo heredado. Envejece bien: se raya y se opaca como cualquier metal, pero no cambia de tono con los años.
El blanco y el asunto del rodio
Acá está la confusión más grande. El oro blanco se hace mezclando el oro con metales que le sacan el amarillo: paladio, plata, níquel o zinc, según el fabricante. Pero incluso así, el resultado no queda blanco del todo: queda de un gris cálido, medio grisáceo.
Por eso casi todas las joyas de oro blanco salen de fábrica con un baño de rodio, un metal de la familia del platino que da ese blanco espejado de vidriera. El rodio es una capa finísima, y como toda capa fina, se gasta.
De ahí viene el clásico: una alianza de oro blanco que después de diez años tira a amarillo por la parte de abajo, justo donde roza. No se arruinó ni era falsa. Se le fue el rodio y quedó a la vista el oro blanco de abajo, que siempre tuvo ese tono. Un joyero lo vuelve a bañar y queda como nuevo.
Un apunte que conviene saber: algunas aleaciones blancas llevan níquel, que es la causa más común de alergia por contacto con joyas. Si una pieza blanca te irrita la piel y otra no, casi seguro es eso, y no tiene nada que ver con que sea o no de oro.
El rosa
Oro con mucho cobre. Cuanto más cobre, más intenso el rosa: de ahí que se hable de oro rosa, oro rosado u oro rojo, que son la misma familia con distinta carga.
Tuvo su época de oro —literal— en las piezas de principios del siglo XX, y volvió con fuerza en los últimos quince años. Con los años puede oscurecerse un poco, porque el cobre se oxida en la superficie; se limpia y vuelve.
Y una curiosidad que aparece de vez en cuando en lo heredado: el oro verde, que es oro con plata y sin cobre. No es verde brillante, es un amarillo pálido con reflejo verdoso. Existe, es viejo, y es oro.
¿El color cambia el valor?
No. Lo que se mira es la ley y el peso de la pieza, y eso se verifica igual sea del color que sea. Una cadena de 18k blanca y una de 18k amarilla, del mismo peso, están en la misma situación.
La única diferencia real es de percepción: como el blanco se ensucia y se pone amarillento con el uso, mucha gente lo trae convencida de que “no debe valer nada”. Suele ser la pieza que más los sorprende.
Cómo reconocer cada uno en tu casa
- Buscá el sello igual. El color no reemplaza al sello: 750, 585 o 18k van a estar en el broche o en el interior del aro, sea blanco, amarillo o rosa.
- Blanco que amarillea en las zonas de roce: es oro blanco con el rodio gastado. Normal.
- Blanco que amarillea en manchones, con el metal de abajo rojizo: eso ya no es rodio gastado, es un baño de oro sobre otro metal. Es otra cosa, y la explicamos en la nota de oro macizo o con baño.
- Plateado que no amarillea nunca: puede ser plata, acero o platino. Se distinguen fácil en el local.
Ante la duda, no la descartes por el color. Es el error más caro de esta lista.
¿Tenés una pieza blanca y dudás?
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