Vender oro es una operación simple, pero se hace en una situación desigual: vos lo hacés una o dos veces en la vida, y del otro lado lo hacen todos los días. Estas son las señales que conviene mirar, y todas se controlan sin saber nada de oro.

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1. Que te pesen la pieza donde no la ves

Es la más común. Se llevan la pieza al fondo, vuelven con un número y vos no viste nada. El pesaje tiene que hacerse sobre el mostrador, con la balanza de tu lado.

No hay que discutir ni acusar a nadie: alcanza con pedir verlo. Si la respuesta incomoda, ya sabés bastante.

2. Que no te digan el precio del día antes de empezar

El valor del oro cambia todos los días. Un lugar serio te dice a cuánto está antes de que le entregues nada, y no le molesta que lo anotes.

Si el precio aparece recién al final, después de que ya pesaron y ya te ilusionaste, la conversación empieza torcida.

3. Que te pidan dejar la pieza y volver

Salvo casos muy puntuales, una tasación de oro se resuelve en minutos. Dejar la pieza y volver mañana no debería ser el procedimiento normal, y cada día que tu pieza está en otro lado es un día que perdiste el control.

4. El local que no existe

Compradores que solo tienen WhatsApp, que te citan en un bar o en un domicilio particular, que no tienen dirección fija. La conversación por WhatsApp está perfecta para cotizar; la entrega tiene que ser en un local con puerta a la calle, con nombre, dirección y años encima.

5. El precio demasiado bueno

Si alguien ofrece bastante más que todo el resto, preguntate por qué puede. A veces la respuesta llega en la entrega: aparecen descuentos, el pago se demora, o el número cambia.

Una diferencia razonable entre casas es normal. Una diferencia enorme es una pregunta, no una oportunidad.

6. Que te apuren

“Este precio es solo hoy”, “en media hora se me va el comprador”. El oro no funciona así. La urgencia siempre juega en contra del que vende, porque impide comparar. Nadie que trabaje bien necesita apurarte.

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Cuatro cosas que te ponen a salvo

  • Pedí más de un precio, el mismo día. No es desconfiar, es lo que harías con un auto.
  • Andá sin apuro. Si necesitás la plata para hoy, negociás peor y se nota.
  • Cobrá en el momento. Hasta que no tenés la plata, no vendiste.
  • Guardá lo que te ofrecieron, aunque sea en una foto del chat. Sirve para comparar y sirve para volver.

Y una que vale por todas: hasta que cobrás, podés arrepentirte. Un lugar serio te devuelve la pieza sin ponerte cara.

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